El dinero no desaparecerá: solo dejará de verse

La proliferación de tokens y agentes de inteligencia artificial podría ocultar el acto de pagar al usuario común. Pero detrás de cada permiso, suscripción e intercambio seguirá siendo necesaria una unidad monetaria capaz de medir, coordinar y liquidar obligaciones.

En este artículo
  1. Invisible no significa innecesario
  2. Crear tokens no equivale a crear dinero
  3. Un token puede representar un derecho sin ser dinero
  4. La economía de agentes no elimina la necesidad de liquidación
  5. Muy pocos dineros entre infinitos tokens
XEC Market Alpha

Es posible que el futuro del dinero sea invisible.

Una persona quizá nunca abra una wallet, copie una dirección o confirme manualmente una transacción. Su teléfono, automóvil, asistente de inteligencia artificial o robot doméstico podría administrar suscripciones, comprar energía, contratar capacidad de cómputo, renovar licencias y liquidar pequeños intercambios sin pedir autorización para cada movimiento.

Para el usuario común, la experiencia podría parecer completamente ajena al dinero.

Una mujer de 80 años no tendría que aprender qué es un token, cómo funciona una firma digital o por qué una blockchain necesita comisiones. Solo expresaría una intención: viajar, comprar un producto, acceder a un servicio o pagar una cuenta. Un agente se encargaría del resto.

Esa intuición es válida.

El problema aparece cuando se concluye que, debido a esa invisibilidad, el dinero dejará de existir.

Invisible no significa innecesario

Una interfaz puede ocultar la infraestructura sin eliminarla.

La mayoría de las personas utiliza internet sin conocer el funcionamiento de TCP/IP, los certificados digitales o el sistema de nombres de dominio. Esto no significa que esos protocolos hayan desaparecido. Significa que fueron integrados en una experiencia suficientemente sencilla para no exigir conocimientos técnicos al usuario.

Con el dinero puede ocurrir algo parecido.

Los agentes autónomos podrían esconder el proceso de pago, pero seguirían necesitando una forma de:

  • comparar el precio de distintos bienes y servicios;
  • medir ganancias, pérdidas y obligaciones;
  • conservar valor frente al riesgo;
  • pagar comisiones;
  • recompensar a quienes aportan recursos;
  • liquidar intercambios entre redes, aplicaciones y participantes.

Estas funciones no desaparecen porque una persona deje de observarlas directamente.

Continúan siendo funciones monetarias.

El dinero puede abandonar la pantalla principal y convertirse en una capa silenciosa de infraestructura. Pero mientras existan escasez, obligaciones, riesgo e intercambio, seguirá existiendo la necesidad de algún activo que coordine económicamente el sistema.

Crear tokens no equivale a crear dinero

La afirmación de que existirá una oferta prácticamente infinita de tokens también contiene una confusión importante: mezcla la facilidad de emisión con la capacidad de adquirir valor económico.

Crear un token puede ser trivial.

Conseguir que otras personas lo acepten, lo utilicen, lo mantengan, le asignen liquidez y confíen en sus reglas es mucho más difícil.

Ya existe una cantidad casi ilimitada de puntos de recompensa, acciones, fichas digitales, NFTs, monedas locales, créditos internos y registros dentro de bases de datos. Nada impide que una empresa, comunidad, videojuego o agente autónomo produzca un nuevo activo.

La escasez real no está en el identificador digital.

Está en la confianza. Está en la utilidad. Está en la liquidez. Está en la aceptación.

Está en la capacidad de que un activo conserve su función cuando cambia el contexto, aparece una crisis o desaparece la institución que lo emitió.

Por ello, una proliferación infinita de tokens no implica una proliferación infinita de dineros creíbles. Puede ocurrir exactamente lo contrario: cuantos más activos representativos existan, más importante será contar con una capa monetaria común para compararlos y liquidarlos.

Un token puede representar un derecho sin ser dinero

La tokenización permite representar casi cualquier cosa: acceso a una plataforma, participación en una comunidad, reputación, propiedad, votos, boletos, energía, capacidad de cómputo, derechos sobre ingresos futuros o pertenencia a una organización.

Pero representar un derecho no convierte automáticamente al token en dinero.

Un boleto representa el derecho a entrar a un evento. Una acción representa una participación económica en una empresa. Un NFT puede representar procedencia, identidad o propiedad sobre un activo específico. Un token de gobernanza puede conceder acceso a decisiones colectivas.

Todos pueden tener valor. Ninguno necesita convertirse, por esa razón, en la unidad monetaria general de su ecosistema.

La distinción decisiva es esta:

Una cosa es el activo que representa un derecho.
Otra es el dinero con el que finalmente se liquida ese derecho.

Cuando un agente compre energía mediante un token, alguien tendrá que establecer cuánto vale esa energía. Cuando una aplicación intercambie capacidad de procesamiento, necesitará calcular costos y beneficios. Cuando dos redes diferentes coordinen obligaciones, requerirán una referencia común o algún mecanismo de liquidación final.

La capa visible puede estar formada por millones de tokens. La capa profunda probablemente dependerá de muy pocos activos monetarios.

La economía de agentes no elimina la necesidad de liquidación

Los agentes de inteligencia artificial pueden volver más eficiente la circulación económica, pero no eliminan sus restricciones fundamentales.

Un agente puede negociar mejor que una persona. Puede analizar miles de mercados, fraccionar pagos, cambiar activos y buscar rutas de liquidación en segundos. Sin embargo, también necesita distinguir entre una promesa de pago y un pago final.

No todos los tokens tendrán el mismo riesgo.

Algunos dependerán de empresas. Otros de comunidades pequeñas. Algunos podrán congelarse, perder liquidez o cambiar sus reglas. Otros existirán únicamente dentro de una aplicación.

Por eso los agentes no solo evaluarán utilidad. También evaluarán contraparte, profundidad de mercado, estabilidad, disponibilidad, finalidad y posibilidad de convertir un activo en otro.

La automatización podría intensificar, y no reducir, la búsqueda de activos monetarios neutrales.

Mientras más compleja sea la economía de tokens, más valiosa puede volverse una capa de liquidación que no dependa de cada emisor individual.

Guía Editorial / Marco Conceptual eCash

La arquitectura conceptual de xolosArmy Network expresa claramente esta separación necesaria entre utilidad/acceso y valor monetario base: XEC is the money. RMZ is the key.

RMZ no necesita competir con XEC como dinero. Puede representar acceso, identidad, gobernanza, pertenencia o participación dentro de una comunidad. Puede funcionar como llave para determinadas herramientas, espacios o procesos colectivos.

XEC, en cambio, cumple la función monetaria.

Esta división evita uno de los errores más comunes de la tokenización: pretender que cada activo digital debe presentarse como una nueva moneda universal.

No todos los tokens necesitan servir para comprar café, medir salarios, conservar ahorro y liquidar obligaciones. Algunos funcionan mejor cuando representan una relación específica.

La especialización no debilita al dinero base. Puede fortalecerlo.

Una infraestructura saludable puede contener muchos activos con propósitos distintos, mientras conserva una unidad monetaria reconocible para coordinar su actividad económica.

Muy pocos dineros entre infinitos tokens

La tokenización probablemente continuará expandiéndose.

Habrá tokens emitidos por máquinas, comunidades, empresas, ciudades, videojuegos, protocolos, cooperativas y agentes autónomos. Muchos serán temporales. Otros tendrán usos muy concretos. Algunos adquirirán relevancia económica. La mayoría desaparecerá o permanecerá confinada a pequeños sistemas.

Pero la capacidad de emitirlos no resuelve el problema monetario.

La pregunta importante no es cuántos tokens existirán. La pregunta es qué activo utilizarán los agentes para valorar esos tokens, pagar sus costos y cerrar definitivamente sus operaciones.

Convertirse en bajista de Bitcoin —o de cualquier propuesta de dinero digital escaso— únicamente por el crecimiento de la tokenización parece prematuro. La tokenización no demuestra que el dinero sea obsoleto. Demuestra que será necesario distinguir con mayor precisión entre representación, crédito, acceso, propiedad y liquidación.

El futuro puede tener una cantidad prácticamente infinita de tokens. Probablemente tendrá muy pocos dineros creíbles.

Y es posible que el usuario nunca llegue a verlos directamente, aunque toda la infraestructura dependa de ellos.

Últimas publicaciones

Ver el archivo completo →